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quarta-feira, 12 de maio de 2010

Unha escolarización distinta

A elite invisible dos colexios galegos
En Galicia hai 733 alumnos de educación especial, un auténtico desafío educativo
J. CASANOVA

Repartidos por todo o territorio, en Galicia hai dezaseis colexios públicos que se enfrontan cada día a un desafío educativo incomparable. Os seus alumnos chegaron tras ditames que aconsellaban o seu ingreso, a pesar da política de integración en colexios convencionais que prima ante calquera disfunción que poida padecer o escolar. Son rapaces con tipoloxías moi diversas. Autistas, invidentes, con trastornos de conduta, con síndrome de Down, os hiperinteligentes, os que sofren parálise cerebral. Alumnos distintos cuxa singularidade aconsellou unha escolarización tamén distinta e especial.
En cada colexio o ensino abórdase de forma diversa en función da problemática do alumno. Os currículos son os mesmos que para o resto dos escolares galegos, adaptados ao seu ritmo de aprendizaxe. A Xunta con todo ten sobre a mesa un proxecto de lexislación específica para atención á diversidade que establecerá protocolos máis definidos sobre as necesidades dos alumnos e como satisfacelas. Non sempre a familia e a Administración están de acordo no mellor xeito de escolarizar ao neno e Educación busca un marco modernizado e menos ambiguo .
O que non atenderá a nova lexislación é a continuidade na atención a estes rapaces, unha das principais demandas das familias. A pesar de que os alumnos poden chegar a quedar no colexio ata os 21 anos, non hai ningún recurso específico que aborde a continuidade no ensino para moitos deles, que chegan a esa idade sen adquirir unha autonomía e, por suposto, sen posibilidades de acceder ao mercado laboral. Parte deses 733 alumnos viven no colexio de luns a venres.
Boa parte dos profesionais que traballan con estes rapaces apoian a reivindicación das familias, que ven como os coñecementos que os seus fillos adquiriron con enorme esforzo e un gasto extraordinario por parte da Administración pérdense con rapidez en canto o alumno afástase do colexio e de calquera oportunidade de continuar a súa progresión: «A partir dos 21 deixan de ser responsabilidade de Educación -explica Manuel Rei, asesor de orientación educativa da consellería-, pero é certo que debería existir unha continuidade porque o apreso pérdese a gran velocidade».
Os colexios de educación especial convertéronse tamén en pequenos laboratorios de innovación pedagóxica, normalmente cunha adecuada dotación de recursos humanos e técnicos, onde os retos que marcan as capacidades do alumnado determinan unha complexa resposta educativa e onde os grandes éxitos residen moitas veces nas pequenas cousas. En calquera caso, supoñen un importante gasto por alumno, cunha dotación que moitas veces roza a paridade entre o número de escolares e os empregados do centro.
Atención ás familias
En varios colexios, os educadores reclaman máis traballo coas familias, desbordadas polo problema e necesitadas dunha formación e apoio que reverta en que a educación que recibe no colexio teña unha continuidade no seu fogar. Outra queixa común é a falta de visibilidade: «Cando saímos, mírannos como bichos raros», expresa unha educadora dun destes centros. Contra ese tipo de fenómenos traballa a filosofía da integración nos colexios convencionais, a mesma que provocou que algúns destes 16 centros de educación especial teñan prazas libres, dado que a maior parte dos casos non chegan ata eles.

terça-feira, 2 de março de 2010

Cando os nenos tiranos impoñen a súa lei na casa

El centro El Laurel, en Madrid, reinserta a menores que maltratan a familiares
RAMIRO VAREA

Desde hace algunos años, los expertos han constatado un aumento en el número de agresiones de hijos menores de edad a sus padres. Es una violencia en el ámbito familiar que, en ocasiones, va más allá de una mera bronca o una amenaza, y puede llegar incluso a tentativas de homicidio. Es lo que le ocurre por ejemplo a Samira, una mujer marroquí que reside en Villanueva de la Serena (Badajoz), quien hace pocas semanas denunció a su propio hijo, de 12 años de edad, a la policía por los maltratos continuos a los que somete a su familia.
"Muchos de estos chicos tienen un comportamiento normal, pero todo cambia cuando llegan a su casa", cuenta Manuel Córdoba, director del Centro de Menores El Laurel. Desde el año 2007, este centro de la Comunidad de Madrid, pionero en España, se dedica en exclusiva a la reinserción de menores que han agredido a sus padres. En él conviven 38 chavales, de 14 a 18 años de edad, la mayoría españoles, que cumplen una condena judicial por agresiones. "Cuando llegan aquí tienden a minimizar el problema y culpan a sus padres. Nuestro primer objetivo es hacerles ver que eso no es así, que el fallo está en ellos. Siempre lo niegan, aunque saben que no tienen razón", explica el director del centro, Manuel Córdoba.

Arrogantes y egocéntricos

Estos niños tiranos que agreden, amenazan, golpean, insultan y vejan a sus padres sufren lo que el psicólogo Vicente Garrido denomina el "síndrome del emperador". "Son chicos que quieren imponer su voluntad a la fuerza. Son arrogantes y egocéntricos, y piensan que los demás deben estar a su servicio", explica Garrido, autor del libro Los hijos tiranos. El síndrome del emperador (Editorial Ariel).
El proceso de reinserción de estos menores violentos dura en torno al año, y el 98% de los jóvenes que han pasado por El Laurel no han vuelto a reincidir. Un equipo de psicólogos, educadores y trabajadores sociales se encarga de hablar y tratar con los chicos. La convivencia es buena y tampoco han tenido problemas con los vecinos de Guadarrama, el pueblo donde han estado durante casi ocho años. Algunos de los chavales proceden de familias desestructuradas, con poco nivel adquisitivo y acogidas a ayudas sociales. Otros, en cambio, son hijos de clases acomodadas. Y los hay que han crecido en hogares monoparentales.
No obstante, unos y otros comparten algo en común: su violencia sistemática, tanto física como emocional, "con el único propósito de obtener el poder en el hogar". "Son capaces de cualquier cosa por controlar el poder de la casa. Acosan y extorsionan a sus padres, les amenazan, rompen y lanzan objetos. También recurren al chantaje, a los insultos, a las fugas...", dice Garrido.

Doloroso para las familias

"Lo prioritario es conseguir que cese la violencia y puedan reducirse las secuelas y efectos que produce", señala el psicólogo. Por ello, en determinadas ocasiones el internamiento es la única salida, a pesar de lo doloroso que resulta para las familias. "Si ya es difícil denunciar a un familiar, imagínate si encima es tu propio hijo. A los padres les cuesta muchísimo y les resulta muy doloroso", admite Córdoba. Pero, a veces, cuando la situación se ha vuelto insostenible, es la única solución que les queda.
"Hay padres que se quieren echar atrás por pena, por una especie de remordimiento. Pero les hacemos ver que la solución es la correcta porque sólo así el chico podrá salir adelante", cuenta. Y reconoce que "algunos chavales se hunden cuando llegan". También es frecuente que haya familias que no colaboren con los especialistas, porque no asumen su parte de responsabilidad en el problema. Por eso, es indispensable cubrir todas las necesidades de los chicos. Unos meses después, las puertas de sus casas les aguardan abiertas.

terça-feira, 1 de dezembro de 2009

Fillos que levantan a man sobre os pais

Los especialistas alertan de la pérdida de referentes de autoridad en los casos de violencia juvenil

JUAN TALLÓN

La violencia juvenil alcanza desde hace tiempo a iconos antes intocables: padres, profesores, fuerzas de seguridad. La Fiscalía de Menores de Ourense evalúa cada vez más casos. Unos pocos derivados hacia la Justicia como delitos, en otros muchos, como una petición de ayuda por parte de unos padres, que llaman desesperados a la última puerta. Desde el Centro Terapéutico de Reforma de Montefiz, su equipo de psicólogos apunta a la caída de los referentes de autoridad como una de las explicaciones al fenómeno.


La Fiscalía de Menores se ha vuelto para muchos padres la última salida al infierno que los hijos han llevado al hogar. La violencia doméstica, ejercida por menores, ha dejado de ser un fenómeno extraño. En 2008, fueron ocho los menores procesados por este delito. Pero son muchos padres los que acuden a la Fiscalía antes que la convivencia familiar se judicialice. En el momento en que un hijo agrede a sus padres, e implosiona en casa la violencia, ésta no ha estado sino larvándose mucho tiempo antes de explicitarse en forma de golpes. ¿Qué ha tenido que ocurrir para llegar a ese punto sin retorno? Ricardo Fandiño, psicólogo del Centro Terapéutico de Reforma para menores de Montefiz, considera que ante todo ‘se ha perdido el referente de autoridad’, hecho que ‘ha llevado al menor a transgredir unos límites que, tal vez, no le han sabido marcar claramente’. Hablamos de una caída de referentes parentales, pero también de otras figuras que ejercen la autoridad, ‘y víctimas igualmente de la violencia, como profesores o policías’, añade Raquel Gude, psicóloga de Montefiz. ‘Yo hablaría de una sociedad’, afirma Fandiño, ‘en que el adulto no está puesto en valor. De hecho, ahora los adultos pretenden ser adolescentes. La tendencia es a prolongar esa fase de la vida’. Como resultado, los verdaderos adolescentes, los menores, confunden los roles. Ahora bien, bajo este razonamiento, se corre el peligro de creer que ‘está únicamente en manos de los padres torcer el destino de los hijos’, advierte Juan Basanta, psicólogo del Equipo Técnicos de Menores de la Fiscalía de Ourense. Es cierto que en relación a los padres ‘fallan’ algunos elementos en la estructura disciplinaria. Por una parte, estamos ante padres que ‘mantienen actitudes educativas inconsistentes, es decir, lo que hoy premian, mañana lo castigan’. En segundo término, ‘no realizan una adecuada supervisión de la conducta de sus hijos durante la infancia’. Eso significa desde evadirse ante las amistades del menor, a ausentarse de las reuniones del colegio’.

Pero, ¿y el menor?, ¿en qué medida contribuye a convocar el monstruo de la violencia? Los hijos conflictivos presentan tres rasgos distintivos, según Basanta: ‘La insensibilidad, porque no les importa el dolor que causan; la impulsividad, ayudada por la falta de cortapisas morales, y el narcisismo. Se creen los reyes del mambo, no aceptan lecciones de nadie, creen saberlo todo’.

‘Pueden ser tus jefes’

En unos chicos, estos rasgos tienen solución, en otros no. Que no tengan solución, en todo caso, no significa que acaben en la delincuencia. Basanta cree que ‘pueden ser tus jefes. Suelen ser los jefes. La gente que se cree maravillosa, impulsiva e insensible, son unos grandes ejecutivos, buenísimos. Eso sí, acosan a la gente, la despiden, pero ganan mucho dinero. Hay muchos políticos entre ellos. Esos son los casos que no se curan, porque nadie los diagnóstico’.

La violencia, a manos de menores, ‘ha dejado de estar vinculada a la marginalidad social’, según Raquel Gude. Hay menores que vejan o golpean a sus padres en las clases acomodadas. Julio Jiménez, delegado en Ourense del Instituto de Medicina Legal de Galicia, advierte que los hijos ‘se han creado como necesidades básicas el teléfono, internet, la televisión y salir los jueves al botellón, y cuando les falta algo de eso, hay problemas’. Esto favorece la tesis de la violencia ya no es marginal. Ni siquiera es más urbana que rural. ‘Es una problemática globalizada’, afirma Raquel Gude. Este es uno de los cambios: los actores de la violencia. El otro, es la violencia misma, que de ser marginal, y enfocada como un medio para conseguir algo necesario, se ha vuelto finalista: vejaciones, amenazas, huidas, robos en el propio domicilio... hasta llegar a la infamia de la agresión.

Dificultades para asumir el esfuerzo y aceptar el fracaso

El problema ‘no es tanto lo que estos chicos hacen, que también, como lo que son, cuál es el desarrollo de su personalidad’, hace notar Ricardo Fandiño. A menudo poseen graves fallas en el desarrollo de su identidad y su moralidad. ‘La violencia son los fuegos artificiales, pero por debajo existen más problemáticas: los chicos violentos a menudo tienen dificultades para conceptualizar todo lo que tiene que ver con el esfuerzo’. Trabajan con claves como ‘yo pido y ellos me dan o no me dan’, muy relacionadas con la infancia, y que llevan a la satisfacción o a la frustración. ‘Están acostumbrados a tenerlo todo, y no saben lo que es la frustración, el fracaso’, señala Julio Jiménez.

Su conducta aboca a los padres a la desesperación. En el caso del Centro de Montefiz, de referencia para toda Galicia, ‘llegan a nosotros desbordados, tras haber recurrido a otras instancias sin éxito, y frustrados porque han puesto mucho esfuerzo en compensar a los hijos’, señala Fandiño. El problema es que en ocasiones ‘no tienen tiempo para estar con ellos. Sobre todo, tiempo de calidad’. Esto conduce a la situación de conflictividad familiar que a veces existe con carácter previo a que explosione la violencia juvenil: separaciones conflictivas, divorcios, nuevas parejas, nuevos hijos, nuevas figuras parentales... ‘Dependiendo del momento evolutivo del menor, les afecta mucho’.

quarta-feira, 21 de outubro de 2009

O diálogo resolve o 90% das agresións a pais

Hasta aquí hemos llegado. No podemos más. Vamos al juez. Lo último que llevó a Carmen y Agustín nombres ficticios a tomar esta decisión fue un hecho ocurrido en el salón de su casa: su hijo, Sebas, les tiró una plancha ardiendo con tanta fuerza que atravesó una puerta. Antes hubo destrozo de muebles, insultos y otra larga lista de agresiones. El juez intervino y sancionó al menor, de 15 años, con una orden de alejamiento.

En el 40% de los casos como éste que llegan a la asociación de mediación Amefa, muchos derivados de los juzgados y la mayoría protagonizados por niños de 14 y 15 años de clase media alta, se han producido agresiones de hijos a padres. El 90% de todos ellos incluidos aquellos en los que no existe violencia física se resuelve satisfactoriamente.
La familia de Sebas, de clase media-alta, vive en un barrio acomodado de Sevilla. Sus padres no atravesaban entonces por ninguna crisis sentimental. Todo, aparentemente, marchaba bien. El joven, incluso, participaba amistosa y totalmente integrado en los grupos de confirmación de su parroquia. ¿Qué falló entonces? ¿Cuál es el origen del maltrato de los menores hacia sus padres, cuya incidencia se ha incrementado de manera preocupante, según un informe de la Fiscalía presentado esta semana?

En el caso de Sebas, las agresiones estallaron cuando sus padres le obligaron a llevar el móvil encendido si salía solo. "No estamos hablando de un chico que vive en el Polígono Sur barrio sevillano con innumerables problemas de exclusión social ni de familias desestructuradas; detrás de estas agresiones no hay un problema profundo, simplemente el incumplimiento de algunas normas básicas de convivencia o, a veces, una mala respuesta", explica Juan Diego Mata, coordinador de mediación de la asociación Amefa.
Sebas fue derivado a la asociación después de que el juez impusiera una orden de alejamiento que, como ocurre casi siempre con los menores, no se aplica finalmente por la inviabilidad de la medida. "El juez toma decisiones, como el alejamiento o el internamiento, pero no resuelve la situación. De eso precisamente se encarga la mediación, de solucionar", añade Mata.
Tras múltiples sesiones individuales y colectivas, Sebas y sus padres llegaron a un acuerdo: siempre que saliera, llevaría el móvil encendido. "Si yo entiendo a mi padre" o "Claro, pero si yo también tuve su edad" son las frases más repetidas cuando el problema está resuelto. Hasta llegar ahí, los mediadores tienen que identificar primero el problema y deconstruir toda esa realidad para llegar al fondo del asunto.
"Obligamos a las partes a que se escuchen, que los intereses de unos y otros se encuentren de algún modo y ponemos sobre la mesa todas las opciones posibles, incluida la de que el chico se vaya de casa, para que ellos mismos, tras estudiarlas, las descarten", cuentan en Amefa.
Tras el incremento de estos casos recogido en la memoria de la Fiscalía de 2008, el Defensor del Menor andaluz, José Chamizo, también ha abogado por la mediación como la mejor herramienta para prevenir. "Nosotros no somos árbitros, gestionamos un conflicto poniendo un límite temporal para que no se enquiste el problema", matiza Mata.
Hiperactividad
El informe de la Fiscalía vuelve a abrir interrogantes sobre las posibles soluciones a un fenómeno, el de la violencia de menores, de difícil comprensión. El pediatra experto en psicología infantil José Gálvez explica que cuando un niño problemático llega a su consulta lo primero que hay que hacer es "un estudio global para averiguar si tiene algún tipo de trastorno, siendo los más frecuentes el déficit de atención y la hiperactividad".
Aun así, "no se puede predecir este tipo de comportamientos porque un niño problemático puede evolucionar en muchas direcciones", añade. "Lo que sí se puede hacer", opina Gálvez, "es prevenir instaurando una serie de normas inamovibles desde pequeños".

terça-feira, 6 de outubro de 2009

Generación replicante


Como los androides de 'Blade Runner', los jóvenes occidentales del siglo XXI tienen todo el mundo a su alcance, pero no son amos de sus destinos. Las redes de Internet o el 'botellón' son sus paraísos artificiales.


CARLES FEIXA 18/09/2009

El significado histórico de los estudiantes y la universidad, la forma en que los unos y la otra existen en el presente, puede describirse como una metáfora, como una reproducción en miniatura de un estado histórico más elevado, metafísico. (Walter Benjamin, 1915).
Quedan atrás Tarzán y Peter Pan, Gutenberg y McLuhan. Se entra en la galaxia Gates
El 'botellón' es una especie de limbo, un espacio entre el infierno 'mileurista' y el paraíso 'yuppy'
En 1968 -cuando la juventud buscaba la playa bajo los adoquines- Philip K. Dick publicó una novela de ciencia-ficción con un título inquietante (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), en la que Ridley Scott inspiraría en 1982 su película Blade Runner. El relato gira en torno a un grupo de androides, virtualmente idénticos al ser humano, a los que llamó replicantes, superiores en fuerza e iguales en inteligencia a los ingenieros genéticos que los habían creado, pero utilizados como esclavos en la peligrosa colonización de otros planetas. Tras un motín en Marte, los replicantes buscan refugio en la Tierra, donde son declarados ilegales y perseguidos por patrullas policiales especiales, las unidades blade runner. La descripción que la novela hace del líder de la revuelta es sintomática: Roy "tiene un aire agresivo y decidido", "indujo al grupo a intentar la fuga", "robó diversos psicofármacos y experimentó con ellos", y busca "una experiencia de grupo".
Si cambiamos Marte por el espacio escolar, la Tierra por el espacio público, los psicofármacos por combinados etílicos, los replicantes por jóvenes al borde de la mayoría de edad, y los blade runners por adultos al borde de un ataque de nervios, quizá podamos encontrar alguna analogía con el moderno botellón.
La palabra "diversión" tiene una doble filiación latina: la más conocida viene de distractione, que significa fiesta y pasatiempo, pero también remonta a diversione, que significa divergencia y contestación. (...)